11 de junio de 2008
Bueno. Aquí estamos con una nueva crónica de la conquista de las tierras al sur de Al-Andalus.
No es una cuestión baladí la de estos sarracenos. Nos sigue sorprendiendo la mania persecutoria de los indígenas de buscar el chanchullo como el que busca espárragos una mañana de abril.
Todo es vendible y todo es tuneable.
Imaginad por un momento que quereis ver televisión. Pos no te quedan mas narices que comprarte un receptor de satélite y pagarle a un ‘trons’ para que venga a piratearlo… porque no hay forma de contratar con los canales europeos para decodificar fuera de Europa.
Y, claro, cada dos meses, en el mejor de los casos, te tiene que venir el colegar a ‘flashearte’ el receptor de satélite.
Pero no pasa naaaa. En el fondo ya nos vamos acostumbrando a esto. Tiene su aquel, como una cantinela de niño que aun sigues oyendo en tu mente. Y al final, en cuanto estás más de tres días fuera, como que necesitas volver al hogar.
Los que habeis tenido la suerte –o la desgracias- de venir a casorio lo habreis podido comprobar: este pais tiene enjundia y de la buena. Los que no, pos na, que cuando querais teneis aquí un agujero seco y cálido donde refiguaros… y, por supuesta, unas buenas birras Casablanca, que las hay y de primera calidad (y caras las jodias, que cuestas más de 20 dirham en el supermercao).
Lo del viaje de novias ha sido pasónico y las fotos las podeis ver en el picasa que tengo por ahí: http://picasaweb.google.com/glurps/VIAJEDENOVIOS.
Lo de la boda, cuando me acabe los exámenes de promocion interna (que es una pasta) nos pondremos e iremos filtrando. Por dios, que nos han hecho más de 1300 fotos. Eso es una putada pa poder cribarlas.
Lo cierto es que pasan los meses (ya llevamos aquí siete) nos asentamos y solo podemos decir cosas maravillosas de aquí. Porque las jodías ya las sabemos todos y no es este lugar para ello.
De nuestro viaje al desierto nos quedan varias cosas: la belleza silenciosa del desierto lleno de gentes en las cumbres al atardecer, la tranquilidad de los bereberes que nos hacían de guias, la belleza de los musicos de Khamilia y, por supuesto, la ternura de la canción del Riff que toco para nosotros Dafoud en el Hotel de la 5 Lunas, en las gargantas del Dades.
Amazir, es como se llaman a si mismos los bereberes… T’amazir es la palabra que usan para decir hogar. Y para nosotros nuestro hogar son nuestros deseos de vivir, pero tambien la gente que queremos y a la que dirigimos estas líneas.
Asumimos la ley del desierto y nuestra casa está abierta y con un té a punto para cuando querais venir. Güisqui marroquí, le dicen.
B’Saha!!!
Mar y Jaime
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“Ignavi coram morte quidem animam trahunt, audaces autem illam non saltem advertum” – Julio Cesar