20 de noviembre de 2007

Una mariconá de lluvia, desde luego. Pero llueve. (MiReina Mora dice que eso no es verdad)

En realidad os quería hablar de una fauna que, en España, es molesta y aquí es una institución. Son los gorrillas.

Van con su bata azul de doctor en gorrillería y hacen exactamente lo mismo que en España, pero aqui se les da un par de dirhams o tres, y te lavan incluso el coche en las horas muertas. ¿Cómo es posible que los coches esten limpios -los que no estan medio abollaos- con el polvo y la humedad que hay en esta ciudad?

La respuesta: los gorrillas.

Hay un gorrilla por cada dos otres calles. Con su peto fluorescente o con su bata azul. Pero ahí estan, como un ejercito incansable al servicio del ciudadano motorizado. Y si les das 10 dirham, son capaces de hacerte cola para pagar en el REDAL -la factura de la luz y el agua-. Porque, aunque no os lo creais, aqui lo de domiciliar en el banco debe ser cosa del canal SciFi (pa los que no teneis satélite, ciencia ficción).

Como ya os decía ayer: contrastes.

Porque aquí, lo que son los acabados y las terminaciones de las cosas, pura poesía o cuento de hadas. ¡Menudos desastres! Hoy ha venido el dueño de la casa a arreglar algunas cosas que no estaban bien acabadas, y hasta él mismo se sorprendía de los acabados. Y, sin embargo, me he comido un entrecôt grille, au point, con frites, es decir, patatas fritas, y tenía el detalle de una hoja de lechuga fresquísima que daba un punto de color, y de sabor, al conjunto, sin hablar del aceite de oliva con hierbas y picante que ponen cuando pides una pizza. Curioso, por lo menos, es.

En fin. Ya tengo toda la documentación -franquicia diplomática, bono de importación, listado de menage, etc- para que me traigan mis cosas y los de la mudanza dicen que para el viernes estará aquí todo. ¡Por fin! A ver si hay suerte y se cumple.

Dice la transitaria y mis compañeros y la gente que sabe de estas cosas que va todo sobre ruedas y que nos está saliendo todo, al parecer, bien. Crucemos los dedos.

Ya me han arreglado una historia para dejar este cutre-apartamento y el viernes y el sábado seguramente nos iremos a un hotel, a ver si para el domingo estamos en casa. Aquí, esas cosas nunca se saben.

Pero insisto. Lo de los gorrilas es otra de las cosas consuetudinarias y particulares del Marroc.

Waha! (Esa ya me la he aprendio)

Mar y Jaume

PS: La tenemos controlá… a la diarrea, claro.